Japón,  Vuelta al mundo

Japón – Día 10

Nikkō

Despertamos suavemente con los primeros rayos de sol, con una sonrisa en nuestras caras. Parece que llegamos ayer, seguimos tan entusiasmados e impresionados con este país como el primer día. Desayunamos café con leche, pan con aguacate y plátanos y nos ponemos en marcha.

Sanuki Kannon

La primera parada, Sanuki Kannon, está a tan sólo 10 minutos. La hemos añadido esta misma mañana, tras ver la imagen de un buda labrado en una pared de piedra en un cartel del michi-no-eki en el que hemos pasado la noche.

Nos paramos frente a la pared de piedra en la que, en torno al siglo XIII, se representó la figura de 18 metros de altura de un buda sentado sobre una flor de loto. El paso del tiempo la ha ido borrando, pero conseguimos distinguir los rasgos faciales, que nos dan idea de la disposición del resto de la figura.

Sanuki Kannon, se distingue el rostro en el tercio superior de la imagen

En la base de la roca hay un pequeño templo y dos cuevas con altares y pequeñas estatuas de piedra de budas.

Cueva en Sanuki Kannon

Tōshō-gū

A continuación vamos directos al plato fuerte de Nikkō, el santuario sintoísta Tōshō-gū, que es Patrimonio de la Humanidad por la Unesco.

Tōshō-gū

Atravesamos el enorme torii de piedra de la entrada. A la izquierda hay una pagoda de cinco pisos (Gōjūnotō).

Tōshō-gū
Gōjūnotō, pagoda de cinco pisos

Al ser temprano no hay cola para acceder al recinto, aunque un gran grupo escolar (todos los niños y niñas van identificados con un sombrero granate) se está reuniendo para entrar. Compramos nuestra entrada, subimos las escaleras y cruzamos Omote-mon, la puerta principal del santuario. Es de color rojo, muy labrada y con esculturas de las deidades protectoras a ambos lados y los perros/dragones por detrás.

Accedemos a un patio rodeado de cedros y pinos, con un camino delimitado por faroles de piedra. Aquí se encuentran los almacenes sagrados (Sanjinko); de frente tenemos Kamijinko, con relieves de elefantes creados por un artista que no había visto nunca estos animales y a la izquierda Shinkyūsha, con relieves de monos, entre los que destaca el de los famosos tres monos sabios que se tapan los oídos, la boca y los ojos, respectivamente (no oye, no dice, no ve el mal).

Relieves de elefantes de Kamijinko, Tōshō-gū
Relieves de monos de Shinkyūsha, Tōshō-gū

El camino gira a la derecha y pasa entre el shōrō (campanario) a la derecha y el korō (torre del tambor) a la izquierda y se continúa con unas escaleras hasta la puerta Yōmei-mon. Antes de subirlas, rodeamos el shōrō y nos detenemos a contemplar los detalles del muro que se continúa a la derecha de las escaleras, adornado con motivos de la naturaleza con fino detalle y colorido.

Tōshō-gū

Yōmei-mon es la puerta más espectacular de las que hemos visto hasta la fecha: dragones, perros guardianes e infinidad de personajes labrados y pintados con gran pericia, es francamente impresionante.

Yōmei-mon en Tōshō-gū
Yōmei-mon en Tōshō-gū
Yōmei-mon en Tōshō-gū

Detrás de Yōmei-mon se sitúa la preciosa y elegante Koramon (Puerta China), que daba acceso al templo principal de Tōshō-gū; actualmente se accede por un lateral.

Koramon en Tōshō-gū

Continuando por la derecha hasta el fondo, encontramos una estructura de madera roja con un soportal con barriles de sake, donde se encuentra la famosa talla del gato dormido (Nemurineko) y Sakashitamon, la puerta que conduce al mausoleo del shogun Ieyasu.

Nemurineko en Tōshō-gū
Detalle de Sakashitamon en Tōshō-gū

Subimos las escaleras de piedra, rodeados de coníferas. Los 207 peldaños, cada uno tallado de un solo bloque de piedra, ascienden por la montaña hasta Okusha, el mausoleo de Ieyasu. Primeramente se encuentra el templo y detrás del mismo se sitúa Inukimon, una puerta de bronce flanqueada por perros guardianes. La puerta permanece cerrada, pero el mausoleo se puede contemplar perfectamente rodeándolo por un camino de madera. Vemos una pequeña pagoda de bronce (originalmente era de madera, se sustituyó por piedra y finalmente por bronce) y estatuas también de bronce a sus pies.

Mausoleo de Ieyasu en Tōshō-gū

Bajamos las escaleras y cruzamos Sakashitamon. Dejamos los zapatos a la derecha y accedemos a los pasillos de madera que conducen al templo principal.

Tōshō-gū

En la primera parte el techo está decorado con cien dragones distintos, y unas puertas más adelante está decorado con aves. En la zona superior de las paredes podemos ver pinturas de los poetas inmortales de Kioto.

Salimos por Yōmei-mon y nos acercamos al templo que queda a mano derecha, Honji-dō, con un dragón que llora pintado en el techo. Se accede en grupos grandes para asistir a la demostración del eco producido al chocar dos crótalos bajo el techo. El monje encargado de la demostración primero da una explicación en japonés, a continuación se dirige a nosotros y nos pregunta de dónde somos y, para nuestra estupefacción, da la explicación en español. Seguidamente choca los crótalos para reproducir el sonido del gemido del dragón. Antes de salir, el monje nos llama y nos explica el significado de las distintas esculturas y estructuras de la sala, que representan los animales del horóscopo chino, y nos muestra un calendario para que averigüemos cuál es el nuestro: la serpiente. Nos despedimos muy agradecidos por tanta atención, ¡este país no deja de sorprendernos!

Información práctica recogida a pie de santuario:
  • La entrada a Tōshō-gū nos costó 1300¥ por persona.
  • Es recomendable acudir temprano dada la alta afluencia de visitantes.
  • No se permite realizar fotografías en el interior del templo principal.

Futarasan-jinja

Salimos de Tōshō-gū por un camino situado a mano derecha, cerca de la pagoda de cinco pisos. Este camino conduce directamente a Futarasan-jinja, el templo más antiguo de Nikkō, dedicado a las deidades de las montañas. Al igual que Tōshō-gū, está rodeado de pinos y cipreses.

Camino a Futarasan-jinja

Cruzamos una puerta y un torii y llegamos a una espaciosa plaza donde se encuentran las diversas edificaciones: el templo principal, templos menores, una tienda, así como diversas estatuas.

Futarasan-jinja
Futarasan-jinja

Jogyodo y Hokke-do. Taiyūin-byō

Salimos por la otra puerta de Futarasan-jinja y continuamos hacia la derecha. En primer lugar encontramos Jogyodo, un pequeño templo dedicado a prácticas ascéticas que alberga la estatua de una deidad con corona montada sobre un pavo real, símbolo de pureza. A continuación se sitúa Hokke-do, otro pequeño templo dedicado al Sutra del loto, tiene un gong en la entrada y está porticado, pensado para meditar andando; está cerrado así que no podemos visitar el interior.

El camino lleva al acceso a Taiyūin-byō, donde se encuentra enterrado Iemitsu, el nieto de Ieyasu, y que tiene muchos parecidos con Tōshō-gū, aunque a menor escala. Una parte del mausoleo se encuentra en obras y tenemos los sentidos saturados tras la visita de Tōshō-gū, así que decidimos dejar Taiyūin-byō para otra ocasión.

Rinnō-ji

Atravesamos un paseo flanqueado por enormes cedros hasta Rinnō-ji, un complejo de templos. Primero encontramos Goma-dō, donde un monje con un cuenco de metal que emplea para la percusión está llevando a cabo un ritual de purificación del fuego. El siguiente edificio es Sanbutsu-dō (salón de los Tres Budas), que alberga las imágenes de varios budas en su interior. Para visitarlo, pasado este edificio se sitúa la puerta negra de entrada al recinto. Frente a Sanbutsu-dō, cuya fachada está en obras, se sitúa Hōmotsu-den (sala de los Tesoros), y detrás de ésta, los jardines Shōyō-en.

Sanbutsu-dō

Nos saltamos la visita de este complejo y continuamos hacia el pueblo.

Información práctica recogida a pie de templo:
  • La visita del complejo precisa la compra de entrada (Hōmotsu-den se paga aparte).

Shin-kyō

Pasamos junto a Shin-kyō, un puente situado en el lugar por el cual cruzó el río Shōdō Shōnin, el monje budista artífice de la fundación de los templo de Nikkō. Se ve perfectamente desde otro puente cercano.

Shin-kyō

Nos dirigimos a la oficina de turismo, en el centro del pueblo. Nos recomiendan algunas rutas y onsen de la zona. Luego, hambrientos, entramos en un restaurante local y comemos yakisoba, yakitori y arroz. Para el postre hemos fichado una pastelería en la que venden unos dulces con forma de mono rellenos de crema.

Comida en Nikkō
Comida en Nikkō
Información práctica recogida a pie de puente:
  • Shin-kyō se puede cruzar a pie por 300¥.

Abismo de Kanman-ga-Fuchi

Regresamos a Shin-kyō y seguimos el curso del agua río arriba durante un kilómetro hasta un puente. Lo cruzamos y continuamos por el otro lado, donde comienza un sendero flanqueado por una larga hilera de 70 estatuas de Jizō (protector de niños y viajeros). Hemos leído que si cuentas las estatuas, te sale distinto número de ida y de vuelta; contamos juntos y… ¡nos sale una más a la ida que a la vuelta! La magia del lugar, poniendo y quitando estatuas a su antojo.

Nikkō presume de la pureza de sus aguas

Estatuas Jizō en el abismo de Kanman-ga-Fuchi

Abismo de Kanman-ga-Fuchi

Es un paseo muy agradable, entre las estatuas de piedra y el agua increíblemente cristalina del río.

Regresamos al puente.

Takinō-jinja

Antes de llegar a la entrada de Taiyūin-byō, una larga escalera se adentra en el bosque.

Una larga escalera se adentra en el bosque

Subimos los escalones sin descanso hasta un templo que antiguamente era empleado para recluirse en la montaña, bajo la creencia de que las prácticas ascéticas concebían poderes sobrenaturales.

Desde el templo hay una suave bajada hasta la cascada Shiraito-no-taki.

Shiraito-no-taki

El camino después sube paralelo al río y llega a Takinō-jinja, un templo construido en el año 820 (aunque la estructura actual es de 1645) por Kōbō Daishi, el monje budista fundador de la secta shingon y de Kōya-san, que visitamos el primer día. La entrada al templo la marca Undameshi-no-torii, un torii que presenta un agujero circular en el centro; se dice que tus deseos se cumplirán si aciertas a pasar por el agujero una piedra (se pueden lanzar tres). Raúl es el primero en probar, pero agota sus tres oportunidades sin encestar. Antes de irnos, María prueba su puntería: la primera va fuera, lanza una segunda piedra… ¡que pasa por el agujero! ¡Se cumplirá su deseo!

Undameshi-no-torii
Takinō-jinja

Al otro lado del río se encuentra Kodaneishi (piedra de la Fertilidad), a la cual se atribuye el poder de ayudar a la fertilidad y el parto.

Regresamos por un camino paralelo a la carretera, pasando por Kaizando, donde se encuentran los restos de Kōbō Daishi, quien vivió 83 años, algo excepcional en su época. Detrás del templo hay una gran pared de piedra, y en su base una cueva donde se encuentran seis estatuas de deidades guardianas budistas; se dice que pudieron caer desde Tōshō-gū, situado por encima.

Estatuas en Kaizando

Nos metemos al coche, cansados. Para finalizar la jornada, no nos puede apetecer más un onsen.

Onsen Yashio-no-Yu

En menos de 10 minutos llegamos al onsen Yashio-no-Yu. Hay una piscina exterior, sauna seca y dos piscinas interiores; del lado de las mujeres las dos son calientes pero una con burbujas (tipo jacuzzi) y del lado de los hombres una es fría y otra caliente. Nos bañamos durante una hora y después nos quedamos un rato en un salón con mesas bajas y cojines, Raúl té en mano, súper relajados. Aprovechamos que hay wifi.

A las 18h avanzamos hasta el michi-no-eki en el que pasaremos la noche, a 30 minutos en coche, cerca del lago Chūzenji-ko. Conducimos por una preciosa carretera de montaña llena de curvas. Aunque ya no hay luz, la carretera es de sentido único y con dos carriles, por lo que resulta muy cómoda. Vemos un ciervo de gran tamaño con una cornamenta enorme, otro ciervo más joven y un zorrito.

Cenamos sándwiches vegetales y pasamos un par de horas planificando las siguientes semanas antes de irnos a dormir.

Información práctica recogida a pie de onsen:
  • El onsen tiene parada de autobús.
  • La entrada a Yashio-no-Yu nos costó 510¥. No hay límite de tiempo.

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