Ecuador (Sierra),  Vuelta al mundo

Ecuador (Sierra) – Día 11

Ilumán, laguna Grande de Mojanda y mirador del Pululahua

Ilumán

Después de desayunar, los dueños del alojamiento nos muestran el taller de telares que tienen en la parte de atrás de la casa, donde fabrican las telas típicas de la zona; nos explican cómo funcionan y al finalizar nos regalan unos monederos de tela.

Los dueños del alojamiento nos enseñan el taller de telares en el que fabrican las telas típicas de la zona

Nos despedimos y nos dirigimos a las lagunas de Mojanda, a unos 10 km de Otavalo.

 

Laguna Grande de Mojanda

Las lagunas de Mojanda son tres: la Grande o Caricocha, la Chica o Warnicocha y la Negra. Nuestro plan es hacer una ruta alrededor de la primera, entre los volcanes Fuya Fuya y Cerro Negro.

El camino por el que se accede a la laguna en coche es una carretera de adoquines llena de curvas. Al llegar paseamos por la orilla y encontramos un cartel en el que se indica que la ruta es de baja dificultad y se completa en tres horas.

Tres horas… las primeras. El camino al inicio es fácil de seguir y discurre paralelo a la orilla. La vegetación está principalmente formada por pastos y arbustos que nos llegan a la cintura, hasta que llegamos a una zona arbolada.

Llegamos a una zona arbolada

Tras atravesarla, encontramos un extenso terreno embarrado en el que no hay rastro de camino alguno, así que simplemente caminamos tomando de referencia la laguna, intentando no hundirnos, hasta llegar a tierra firme.

Laguna Grande de Mojanda

El terreno asciende y desciende, sumergiéndose en un bosque de ramas bajas enmarañadas que nos obligan a agacharnos, rama tras rama. Cuando conseguimos salir del bosque nuestra desesperación florece. El esfuerzo físico que impone este camino, a más de 3000 metros de altitud, es extenuante; nos falta el aire y nos desmoralizamos al comprobar con el GPS que no llevamos ni la mitad del recorrido. Pero no nos queda otra que continuar, con la esperanza de que en algún momento comience el camino de baja dificultad que indicaba el cartel.

El terreno asciende y desciende

Continuamos por una zona de pastos embarrada en la que María casi pierde un zapato atrapado en el espeso barro que le succiona la pierna hasta media pantorrilla. El camino parece que hace años que nadie le ha puesto un pie encima, invadido por la maleza.

Un buen rato después llegamos a un camping en el que hay una señora barriendo. Nos alegramos, pues tenemos hambre y vemos un edificio que perfectamente podría ser el bar del camping, pero la señora nos informa de que sólo abren los fines de semana y hoy lunes no tiene nada para vendernos. Definitivamente éste no es el mejor día de nuestras vidas.

Continuamos por la orilla de la laguna, el sendero junto al camping está arreglado y lleva hasta un embarcadero, pero a partir de aquí sólo podemos continuar por una carretera de tierra y piedras que sube y baja incesantemente hasta que, en una curva, vemos un camino entre pastos altos que continúa por el borde de la laguna, y decidimos seguirlo hasta que por fin vemos nuestro coche.

Cogemos un camino entre pastos altos que continúa por el borde de la laguna

María se limpia el barro en la orilla y después subimos al coche huyendo de una nube de mosquitos. Apenas hemos recorrido unos metros cuando una pareja de franceses visiblemente desesperados aparece de la nada haciendo señas para que paremos el coche. Bajamos la ventanilla, y nos dicen en inglés (ahí nos damos cuenta de que son franceses) que han subido andando desde Otavalo y pensaban regresar a pie pero se les ha echado el tiempo encima y nos piden que les bajemos en coche. Les indicamos que suban y les acercamos hasta el centro de la ciudad.

Ya que estamos en Otavalo, paramos en un bar a comer y después continuamos el viaje, tenemos que llegar a Mindo.

Información práctica recogida a pie de laguna:
  • A raíz de nuestra experiencia, no recomendamos la ruta alrededor de la laguna. Como alternativa, vimos a una familia subiendo por la ladera del Fuya Fuya, que de seguro es mejor opción.
  • A raíz de la experiencia ajena, tampoco recomendamos subir a pie a las lagunas desde Otavalo.

 

Mirador del Pululahua

Paramos a estirar las piernas en el mirador del Pululahua, que da al cráter de este volcán que se encuentra habitado. La niebla lo cubre casi por completo, pero disfrutamos del cielo del atardecer.

La niebla cubre el cráter del volcán

Continuamos la ruta, a partir de Calacalí se instaura una niebla cada vez más densa que dificulta la conducción, no digamos ya una vez se hace noche cerrada. Prácticamente sólo podemos ver los faros del coche que circula delante, agradeciendo la escandalosa iluminación tipo verbena de los camiones.

Llegamos a Mindo, dejamos las cosas en la habitación del alojamiento que hemos reservado y damos un paseo por el pueblo, ahora más relajados. Cenamos en una pizzería y volvemos a dormir, estamos agotados.

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