Hoy termina nuestra estancia en México, tenemos un vuelo a San José (Costa Rica) a mediodía.
Nos levantamos con tiempo para empacar bien las mochilas. En el hostal no nos sirven el desayuno por estar fuera de horario (comienza a las 9.00h), así que desayunamos unas pitayas que compramos en el supermercado a nuestra llegada a Cancún.

Cogemos el coche para ir al aeropuerto. De camino un policía en moto se coloca delante de nuestro vehículo y nos hace señales para que paremos a un lado. Mal asunto… La famosa mordidita, que no se ha presentado en todo el viaje, ¿ha querido hacer su aparición estelar en los últimos minutos?
¡En efecto! Nos dice que circulamos con exceso de velocidad y que debemos pagar una multa de 2600 M$. Le contamos que nos dirigimos al aeropuerto, que ya nos vamos de México y por ello no llevamos dinero. Nos pregunta la hora del vuelo y nos dice que en principio deberíamos ir a comisaría a pagar la multa, pero podría no darnos tiempo a coger nuestro avión, por lo que él nos ayuda pagando allí y devolviéndonos los documentos. Nuestra posición es la misma. Nos ofrece rebajarnos la multa a 1300 M$, ¡el ofertón del verano! En una patética intervención, le ofrecemos 27 M$ (algo más de 1 €). En su siguiente golpe de maestro mordisquero nos dice que podemos pagar en dólares o en euros. Le enseñamos las carteras vacías. Viendo que somos un caso perdido, al fin nos devuelve nuestros documentos y nos dice que nos vayamos. ¡Hasta la vista!
Llegamos al aeropuerto con alivio por haber superado victoriosamente «la mordidita».