Quito e Ilumán
Quito
Nos levantamos a las 7.30h, con la sonrisa de la cena de anoche aún en la cara. Nos duchamos y tomamos el desayuno del hostal (café, huevos revueltos y croissant), dejamos nuestro equipaje guardado y salimos a la calle para seguir explorando Quito.
Ponemos rumbo a la basílica del Voto Nacional, construida entre los siglos XIX y XX en estilo gótico y de gran tamaño, ensalzado por su localización en una colina.

Entramos, hoy somos de los pocos que hemos madrugado. En el interior hay multitud de capillas, coloridas vidrieras y un libro en el que se pueden escribir los milagros recibidos por intercisión de «Nuestro Padre Fundador» (se facilitan un número de teléfono y una dirección de correo electrónico para ahorrar el desplazamiento).
A continuación nos dirigimos al parque de La Alameda, en el que se encuentra, además de un estanque y una estatua de Simón Bolívar, el Observatorio Astronómico de Quito. Lo rodeamos y regresamos al alojamiento para hacer el check-out.

Cogemos el coche para trasladarnos hasta diversos miradores de la ciudad que queremos visitar.
Comenzamos por el mirador de El Panecillo. Se encuentra en una loma en forma de panecillo coronada por una enorme estatua de una virgen, al sur del casco antiguo. Desde aquí podemos contemplar la ciudad y varios volcanes cercanos. El ambiente es agradable, hay niños aprendiendo a volar cometas y puestos de comida y de recuerdos.

Continuamos con el mirador de la Cima de la Libertad, donde tuvo lugar la batalla de Pichincha (crucial en la independencia de Ecuador); el lugar se encuentra custodiado por el ejército. Tiene más altura que El Panecillo, por lo que vemos mejor los volcanes y alcanzamos a observar una mayor extensión de Quito.

Hemos dejado para el final el mirador de mayor altura. Cogemos el TelefériQo, que nos sube hasta los 3947 metros. Desde aquí arriba comprobamos que Quito es la ciudad sin inicio ni fin: a pesar de la altura a la que nos encontramos, no alcanzamos a ver sus extremos norte ni sur. Una manta infinita de edificios y viviendas más básicas, salpicadas aquí y allá por parques y bosquecillos.
Es la hora de comer, así que compramos unos bocadillos y nos los tomamos mientras disfrutamos de las vistas. Después subimos por un camino que lleva a una zona más alta, hay columpios que nos recuerdan a los de La Casa del Árbol en Baños y zonas preparadas para descansar pues, aunque el recorrido no es largo, es cierto que a 4000 metros las cuestas se hacen más duras.

En el viaje de regreso en teleférico coincidimos en la cabina con un simpático matrimonio y sus dos nietos, que están de vacaciones. Entablamos conversación con ellos, hablamos de los lugares que hemos visitado en Ecuador y los que nos quedan por visitar, nos dan consejos y recomendaciones y hacen alusión a España como la «madre patria». Una vez ya nos hemos despedido, nos buscan en las inmediaciones de la salida del teleférico y nos ofrecen llevarnos a Quito en coche. Agradecemos la invitación (¡son adorables!) antes de declinar la oferta explicando que hemos venido también en coche. Quito nos deja un sabor muy dulce.
Información práctica recogida a pie de ciudad:
- La entrada en la basílica del Voto Nacional cuesta 2 US$ por persona. La entrada para subir a la torre es independiente.
- En el mirador de El Panecillo nos cobraron 1 US$ por aparcar el coche.
- En la entrada al mirador de la Cima de la Libertad piden un documento de identidad que guardan y devuelven a la salida. El parking es gratuito.
- La entrada en el TelefériQo cuesta 8,5 US$ por persona.
- Desde el mirador del TelefériQo parte una ruta a la cima del volcán Pichincha. Se tarda entre cinco y siete horas (ida y vuelta) y se salva un desnivel de 749 metros.
Ilumán
Ponemos rumbo a Ilumán, un pueblo cercano a Otavalo en el que hemos reservado alojamiento para los próximos días. Las carreteras en general están en buen estado, lo que hace el viaje más cómodo, y podemos disfrutar viendo los volcanes que van apareciendo en el paisaje y, ya cerca del destino, el lago de San Pablo. Aparcamos el coche, dejamos nuestro equipaje en el alojamiento, regentado por una familia, y salimos a dar una vuelta. Vemos el volcán Cotacachi con los últimos rayos de luz del día.

El pueblo es pequeño. En la plaza, en la entrada de la iglesia, están celebrando un «oratorio»: por lo que vemos se trata de un concurso de baile en grupos de niñas y niños de diversas edades. Todo el mundo está animado, bailan canciones de reggaetón y de Rosalía.

Nos quedamos un rato y después buscamos un restaurante para la cena (o «merienda», como dicen aquí). Sopa de verduras y carne y pollo asado con arroz, patatas fritas y lombarda encurtida. Volvemos al alojamiento, nos duchamos y organizamos las excursiones de los próximos días antes de irnos a dormir.