Tokio: Nihombashi, Marunouchi, Harajuku y Setagaya
Nos despertamos y preparamos el desayuno: té y café con leche, pan con tomate y aceite de oliva y kiwi. La fruta en Japón es carísima; en este viaje hemos comprado plátanos, manzanas, kiwis, nectarinas y ciruelas, ¡cada pieza a casi 1€!
Salimos a la calle y nos dirigimos al metro, trasladándonos hasta la estación de Nihombashi.
Nihombashi
A las 9.30h estamos saliendo del metro. Entramos en una oficina de información turística muy cerca del puente Nihonbashi, donde nos dan indicaciones sobre los principales atractivos del barrio.
Comenzamos cruzando el puente de piedra Nihonbashi, escondido bajo un monstruo de autopista. Cruza el río que lleva el mismo nombre y que fue puerto comercial de pescado y marisco en el período Edo, hasta que unos 300 años más tarde, con la reconstrucción de la ciudad tras el terremoto de 1923, fue trasladado a Tsukiji.

Estatuas de leones y dragones de bronce adornan el puente, considerado el «kilometro 0» de Tokio (hay una placa en el suelo en mitad del puente, por donde pasan los coches, y una réplica al otro lado del puente).


Cruzando el puente a mano derecha hay un monumento erigido en 1954 en recuerdo al próspero comercio que tuvo lugar en este área.

Continuamos más allá del puente, encontrando el centro comercial más antiguo de Japón, Mitsukoshi. Si la entrada, en granito y flanqueada por leones de bronce, es sorprendente, más aún lo es el interior, donde una gigantesca escultura de madera da la bienvenida. Los suelos son de mármol y la iluminación ha sido planificada con esmero, cada espacio está cuidado hasta el último detalle.

Un poco más adelante se encuentra Coredo Muromachi, un centro comercial constituido principalmente por restaurantes. La decoración del interior es bastante original, con baldosas de colores en las paredes y diseños intrincados en el suelo.

Cerca de este centro comercial se encuentra el santuario Fukutoku-jinja, un pequeño templo de más de 1000 años de antigüedad que sorprende encontrar en este lugar, por el marcado contraste con los edificios modernos de gran altura que lo rodean.

Regresamos al puente Nihonbashi y lo cruzamos en dirección a la Estación de Tokio.
Marunouchi
Estación de Tokio
La Estación de Tokio es la principal estación ferroviaria de la capital y en 2014 cumplió 100 años. Desde su construcción ha pasado por sucesivas renovaciones, y actualmente el exterior tiene una apariencia similar a la original.
Primero visitamos el interior, que combina elementos arquitectónicos modernos con otros más clásicos.

Recorremos la planta principal y después la B1, donde se encuentran Ramen Street, un conjunto de locales de ramen, y Character Street, con tiendas dedicadas a dibujos animados, principalmente japoneses.

Nos sentamos a comer en uno de los locales de ramen. Las mesas son alargadas, y un panel de madera impide ver la cara del comensal sentado enfrente. Todo el mundo come sin levantar la vista ni emitir palabra y, según acaban de comer, se marchan, ¡ni hablar de sobremesa! Nuestro ramen, con virutas de anchoa y filete de cerdo, nos sabe riquísimo.

Con el estómago lleno, salimos a la plaza frente a la estación y contemplamos la fachada de ladrillo y las cúpulas. A continuación nos dirigimos a KITTE, unos grandes almacenes situados a mano izquierda según se sale de la estación. Subimos a la azotea, desde donde se obtienen unas buenas vistas de la estación.

Información práctica recogida a pie de estación:
- El plato de ramen cuesta entre 700 y 1200¥, en función de los ingredientes.
- En la segunda y tercera planta del edificio en el que se encuentra KITTE, está Intermediatheque (gratuito), un curioso museo que no pudimos visitar ya que estaba cerrado por obras de renovación.
Palacio Imperial (Kōkyo)
Caminamos hasta el Palacio Imperial, que se encuentra a un par de calles de la Estación de Tokio.

Comenzamos por Kōkyo Gaien (Jardín Exterior), en la zona sureste. En un extremo de la Plaza Frontal del Palacio Imperial se encuentra el puente de hierro Nijū-bashi, uno de los accesos al palacio; la parte de piedra se conoce como Megane-bashi («Puente de los Anteojos») por el dibujo que forma con su reflejo en el agua. Al fondo se observa la torre Fushimi-yagura.

El palacio se encuentra rodeado por un foso y muros de piedra.

Rodeamos el foso hasta la puerta Ōte-mon, que da acceso a Kōkyo Higashi Gyoen (Jardines Orientales), en el interior del recinto del palacio. Al entrar se coge una ficha, que se devuelve al salir. Para acceder se atraviesan puertas en ángulo y grandes muros que muestran la función defensiva de la fortaleza.
Paseamos por Kōkyo Higashi Gyoen, un jardín de estilo japonés, muy cuidado.

Cogemos el metro hasta Harajuku.
Información práctica recogida a pie de palacio:
- La mayor parte de los terrenos del Palacio Imperial está cerrada al público, y algunas zonas sólo son accesibles mediante visita guiada, que requiere reserva. Lo que leímos al respecto no nos suscitó mucho interés, pero quizás sea interesante.
Harajuku
El trasiego de personas en Harajuku a plena luz del día es tan intenso como el de anoche. Muchas van comiendo comida que venden en puestos cercanos, y decidimos probar lo que más nos llama la atención. Nos ponemos a la cola en el puesto de takoyaki (unas bolitas de pulpo). A los cinco minutos una mujer se acerca desde el final de la fila para indicarnos que estamos dejando demasiada distancia con la persona que tenemos delante, ¡en Japón hay protocolo hasta para hacer cola en un puesto de comida callejera! Ver al cocinero preparar takoyaki es un auténtico espectáculo, nos quedamos embobados mirándolo. La fila avanza rápido y enseguida es nuestro turno, nos llevamos unas takoyaki y postre.
Meiji-jingū
Muy cerca de la boca de metro se sitúa el torii construido con madera de ciprés milenario que da acceso a Meiji-jingū, un santuario sintoísta dedicado al emperador Meiji y la emperatriz Shōken.

Recorremos el paseo que lleva al recinto principal a la sombra de los árboles. Cerca del mismo vemos, a un lado, unos barriles de sake y, enfrente, unos barriles de vino francés.

Accedemos al interior del recinto del templo, de gran tamaño y muy cuidado. Mientras lo estamos contemplando, aparece una fila doble de personas vestidas con trajes tradicionales: se trata de una boda.

Yoyogi-kōen
Deshacemos lo andado y nos adentramos en el parque Yoyogi-kōen, contiguo a Meiji-jingū. Está formado por explanadas de césped donde se desarrollan todo tipo de actividades simultáneamente: varias parejas juegan con raquetas, al lado un grupo de adolescentes hacen girar virtuosamente unos diábolos, muy cerca otro grupo toca instrumentos de música… También hay familias comiendo en el césped o paseando por los caminos, y en general hay una atmósfera festiva que resulta muy atractiva. Nos unimos al ambiente de domingo: nos sentamos en el césped, nos quitamos los zapatos y sacamos las albóndigas de pulpo (takoyaki) y el postre en forma de pez relleno de judías dulces (taiyaki) que hemos comprado a la salida del metro.


Tras comer esta rica merienda, nos quedamos tumbados en el césped, relajados.

Damos un paseo por el parque antes de meternos nuevamente al metro.
Setagaya
Shimo-Kitazawa
Una parada de metro y 15-20 minutos de caminata más tarde nos encontramos en Shimo-Kitazawa, un barrio bohemio de calles estrechas y tiendas vintage. Llegamos al atardecer, perfecto para observar la transición a la vida nocturna. Callejeamos por la zona, llena de vida. Vamos cotilleando lo que venden, incluso echamos un ojo a los minipisos en venta y alquiler de una inmobiliaria.

Llegamos al hotel a las 19.30h. Para cenar cocinamos salmón con verduras en el microondas.