México,  Vuelta al mundo

México – Día 13

Tiburón ballena

Estamos en Holbox. Nos despertamos temprano, cerramos las mochilas y vamos al hall del hotel, donde nos vendrán a buscar a las 7.00h para ir a la excursión de nado con tiburón ballena. Ayer nos dijeron que podíamos dejar las mochilas en recepción y recogerlas a la vuelta, pero resulta que está cerrada hasta las 8.00h. Afortunadamente aparece otra pareja que también va a la excursión (con otra agencia) y que nos ofrece dejarlas en su habitación, lo cual agradecemos enormemente.

A la hora convenida nos recogen y nos conducen hasta la playa. Subimos a una barca en la que ya se encuentran dos turistas, una maltesa y otra italiana, y esperamos a que llegue el resto, apareciendo una pareja sevillana y, tras media hora, un francés que se ha equivocado de lugar de salida de la excursión.

Al fin zarpamos, nos reparten chalecos salvavidas que debemos mantener cuando saltemos al agua con los tiburones ballena. El mar está tranquilo y vemos muchas aves: gaviotas, cormoranes, pelícanos e incluso cuatro flamencos volando en línea.

Amanece y el mar está muy tranquilo

Reparten sándwiches de jamón York, queso y una grasa que no identificamos. Poco a poco nos aproximamos a la isla Contoy, que se ve preciosa con sus palmeras y el faro. Aproximadamente a la altura de esta isla, coincidiendo con la salida del golfo de México al mar Caribe, las aguas empiezan a embravecerse. A los pocos minutos Raúl comienza a encontrarse algo mareado, la barca choca fuertemente contra el agua con cada ola, una y otra vez durante más de cuarenta minutos; después parece que el mar se calma un poco.

De repente, ¡un tiburón ballena! ¡Es enorme! Rápidamente la primera pareja se pone el equipo de snorkel y salta al agua, nadan con el tiburón hasta que dejan de verlo. El tiburón reaparece y se lanza al agua la segunda pareja.

De repente, ¡un tiburón ballena!

Empiezan a llegar otras barcas avisadas del hallazgo. Aparece otro tiburón. Raúl asoma la cabeza por la borda y empieza a vomitar. Nos avisan de que es nuestro turno, pero Raúl sigue vomitando y se zambulle el restante del grupo.

Raúl termina de vomitar. Nos colocamos las gafas, la tuba y las aletas y nos sentamos en el borde de la barca a esperar nuestra oportunidad. Esperamos unos minutos, pero no hay rastro de ellos y volvemos dentro de la barca; Raúl se tambalea.

El capitán está en comunicación por radio con otras embarcaciones y le informan de que hay un grupo de tiburones ballena a una hora del lugar en el que nos encontramos. Nos dan a elegir entre ir hasta allí, teniendo en cuenta que el mar está algo revuelto y existiendo la posibilidad de que cuando lleguemos los tiburones hayan desaparecido o dar por finalizado el nado con tiburón ballena y pasar a la siguiente actividad. Decidimos apostar por los tiburones ballena.

La pareja de Sevilla está preocupada por regresar a tiempo ya que tienen que coger un vuelo, por lo que el capitán contacta con otra barca que está de regreso y se aproxima a ella para que puedan cambiar y volver a tierra antes. Nos encontramos en alta mar. Primero pasan sus objetos de una barca a otra. Después les dicen que salten al agua para subirse a la otra embarcación y así hacen.

Continuamos navegando, nuevamente con intenso oleaje, hasta que por fin llegamos al área donde se encuentran las otras barcas y sí, ¡hay varios tiburones ballena!

Nos sentamos en el borde de la barca. Unos segundos antes de saltar al agua, Raúl vomita otra vez.

Nos sentamos en el borde de la barca

Vemos al tiburón: grande, elegante, majestuoso. A la indicación del guía nos aproximamos y comenzamos a nadar junto a él (según nos explica más tarde se trata de un macho, identificable por su gran tamaño y por los órganos copulatrices junto a las aletas ventrales). Nadamos con él hasta que el guía nos da un tirón a cada uno de la aleta y nos indica que paremos. Entonces el tiburón se da la vuelta y lo retomamos en su nado.

Es una experiencia alucinante. Luego nos arrepentiremos de no haber hecho fotos, pero el guía nos recomienda centrarnos en el nado y en disfrutar, ¡y sí que lo disfrutamos!

Se abre una segunda ronda. Raúl vuelve a vomitar en algún momento. Esta vez nuestro nado es más breve.

Partimos de vueltaHora de volver. Pasamos nuevamente frente a la isla Contoy y paramos con otras barcas en una zona para hacer snorkel. Vemos pequeños tiburones, peces gato y otros que no sabemos identificar.

Después vamos a un estuario, donde comemos el ceviche de corvina que ha preparado el capitán, ¡está riquísimo!

De regreso al punto de partida vemos numerosos flamencos en la orilla y zonas de desove de tortugas.

Caminamos hasta el alojamiento bajo el sol abrasador. A los cinco minutos llega la pareja que nos ha dejado guardar el equipaje en su habitación, lo recuperamos y nos damos una ducha en los baños comunes. El estado general de Raúl va mejorando poco a poco.

Llegamos al embarcadero justo a tiempo para coger el ferry que nos lleva a Chiquilá, recuperamos nuestro coche y ponemos rumbo a Cancún. Subimos la categoría del viaje por carretera con unos polos de limón y hierbabuena.

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