Llegada a Guayaquil
El vuelo sale puntual de Baltra y en dos horas y cuarto llegamos a Guayaquil. Ponemos nuestros relojes en hora.
Tras cruzar la puerta de salida buscamos la agencia de alquiler de coches con la que hemos hecho una reserva. En los próximos días comprobaremos que el coche nos va a dar mucha libertad; sin embargo, los primeros kilómetros son terribles: es hora punta en Guayaquil, el tráfico es un caos y los peatones cruzan por cualquier parte y sin mirar. Dejamos el coche en un parking a dos cuadras de nuestro alojamiento, un apartamento con cocina en el centro de la ciudad.
Dejamos nuestro equipaje en la habitación e inmediatamente después volvemos a la calle para comprar comida para la cena. De paso nos tomamos un «sanduche de chancho» preparado en el momento que nos sabe a gloria.
Nos hace mucha ilusión hacer una tortilla de patata y resulta muy sencillo encontrar los ingredientes, incluido el aceite de oliva, un lujo dorado que ya necesitábamos después de un mes sin catarlo. Hacemos una tortilla bien grande para que nos sobre para la comida de mañana. Nos vamos a dormir con el alma feliz, deseosos de comenzar esta nueva etapa de nuestra vuelta al mundo.