Japón,  Vuelta al mundo

Japón – Día 3

Meoto Iwa e Ise-jingū

Meoto Iwa

A las 5.15h la claridad del amanecer nos abre los ojos. Nos encontramos junto a Meoto Iwa, las rocas casadas. Al salir del coche vemos que no somos los únicos en el lugar, pronto entenderemos por qué.

Meoto Iwa son dos rocas sagradas situadas en el mar, frente a la costa, unidas por una cuerda sagrada (shimenawa) representando el matrimonio, pertenecientes al santuario sintoísta Okitama. Al amanecer es un lugar de excepcional belleza.

Meoto Iwa y santuario Okitama

Atravesamos el santuario y nos disponemos frente a las rocas, junto a otros visitantes que, aferrados a sus cámaras, intentan captar la solemnidad del lugar. Un ave se posa a descansar sobre el pequeño torii situado en lo alto de la roca de mayor tamaño mientras una fila de ánades vuela por detrás. Reina el silencio.

Meoto Iwa

Hay estatuas de ranas repartidas por el lugar, son amuletos de buena suerte.

Las ranas representan buena suerte

Regresamos al coche y desayunamos pan con tomate y aceite de oliva. Volvemos a las rocas para echar un último vistazo con el sol más alto.

Información práctica recogida a pie de costa:
  • Entre los meses de octubre y diciembre se ve la luna salir ascendiendo entre las dos rocas, una preciosa imagen.

Ise-jingū

Poco después de las 7.00h ponemos rumbo a Ise-jingū, el santuario sintoísta más sagrado de Japón, dividido en dos recintos que están separados 5 kilómetros: Naikū, el interior, del siglo III, más opulento, y Gekū, el exterior, del siglo V, menos ostentoso.

Naikū y Oharai-machi

Aparcamos en uno de los múltiples parkings de pago que hay junto a Naikū. Antes de entrar encontramos una oficina de información donde nos proporcionan un mapa en inglés. Cruzamos el puente de madera Uji-bashi, que con sus más de 100 metros cruza el río Isuzu-gawa y da acceso al santuario, simbolizando el cruce entre el mundo real y el reino de los cielos. El puente, como el resto de templos y edificaciones de Ise-jingū, se reconstruye cada 20 años siguiendo los métodos tradicionales (la última vez en 2013).

Uji-bashi

El interior está cuidado hasta el último detalle. Los caminos son de piedrecitas, los jardines parecen recién recortados y los árboles están podados al estilo japonés. Hay un lavatorio para realizar el lavado ritual y un espacio junto al río para las abluciones. En nuestro paseo encontramos a gente rezando frente a largas estructuras de piedra y ante determinados árboles.

Recorremos el camino principal, rodeados de vegetación, pasando por distintos santuarios que quedan bien detallados en el mapa junto con breves informaciones.

Naikū

Algunas edificaciones nos recuerdan a hórreos gallegos.

A la derecha del camino un bonito puente conduce a un templo apartado y completamente rodeado de naturaleza, dedicado a dos deidades del viento, pero es casi imposible de ver por el muro de madera que lo rodea.

Puente en Naikū

Llegamos al Kōtai Jingū (santuario principal), el más sagrado del sintoísmo. Dentro se encuentra el Yata no kagami (espejo sagrado), regalo de las deidades al emperador. No se puede acceder al templo, protegido por vigilantes y tres muros de madera, de manera que apenas se puede observar su tejado.

Continuando nuestro recorrido, pasamos por estanques con carpas de colores y un establo con un caballo al que algunos se paran a rezar. Antes de salir pasamos por el centro de interpretación, donde se emiten vídeos informativos, hay tienda de regalos y se ofrece té gratis, que degustamos.

Establo con caballo en Naikū

Una vez fuera del recinto del santuario, nos dirigimos a Oharai-machi, un distrito histórico adyacente a Naikū formado por una calle peatonal plagada de restaurantes, cafeterías y tiendas de recuerdos, entre otros establecimientos.

Oharai-machi

Regresamos al coche, donde matamos el hambre con un aperitivo consistente en una especie de cacahuete con cubierta crujiente de especias y trocitos de alga.

Gekū y Gekū-sandō

Nos desplazamos hasta Gekū, el santuario del exterior. Atravesamos el pequeño puente de acceso y nos dirigimos hacia la derecha, deteniéndonos frente a un estanque con carpas y grullas. Hay bancos para sentarse y suena una música relajante.

Estanque en Gekū

Al rato continuamos el camino pasando bajo un torii y recorremos un camino de piedras custodiado por grandes árboles. Pasamos por diferentes templos, todos rodeados por muros de madera que sólo permiten contemplar los tejados, hasta llegar al principal. Al lado de cada edificio hay un gran espacio donde se situó el edificio previo, hasta la reconstrucción en 2013.

Terminamos el recorrido y nos dirigimos a Gekū-sandō, el distrito histórico junto a Gekū. Recorremos un par de calles, nos parece que tiene menos encanto que Oharai-machi.

Volvemos al coche, donde Raúl se echa una cabezacita de media hora mientras María revisa el itinerario.

Conducimos durante varias horas, con una parada de una hora en un supermercado, donde reponemos víveres, comemos tranquilamente y descansamos.

Al caer el sol paramos en una concurrida área de servicio. Cenamos, forramos las ventanas con papel de aluminio para evitar la entrada de luz y nos echamos a dormir.

Información práctica recogida a pie de santuario:
  • La visita del conjunto de Ise-jingū y los dos distritos históricos nos llevó 4 horas.
  • No está permitida la fotografía alrededor de los templos principales.

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