Reserva ecológica El Ángel, Ibarra y cascada de Peguche
Reserva ecológica El Ángel
Nos despertamos, ducha, el mismo desayuno contundente de ayer y nos ponemos en marcha. Nos dirigimos a la reserva ecológica El Ángel, a hora y media en coche desde el alojamiento. Cogemos la Panamericana y después una carretera local en buen estado para llegar hasta el pueblo de El Ángel, pero a partir de aquí la cosa se complica. La carretera que lleva hasta la reserva está compuesta por grava y piedras de gran tamaño y tardamos treinta minutos en recorrer los 14 km que hay hasta la entrada de la laguna El Voladero. Poco antes de llegar ya nos empezamos a ver rodeados de frailejones, las curiosas plantas de páramo que hemos venido a ver; éste es el único lugar en Ecuador donde podemos encontrarlos.
Aparcamos y un guarda se acerca para apuntarnos en un registro, somos los únicos visitantes. El sendero es circular, de unos 2,5 km, a 3700 m de altitud con cotas máximas de 3820 m. No tiene pérdida, y a lo largo del camino hay incluso carteles explicativos de las distintas especies de plantas.

El recorrido comienza con una suave subida. Los frailejones inundan el paisaje, son plantas de tallo grueso y alto coronado por un cogollo de hojas verdes peludas que al secarse quedan unidas a la planta para protegerla del frío; sus flores son amarillas.

El camino asciende levemente y después desciende hasta la laguna. Nos hallamos solos, completamente sumergidos en un paisaje extraño y fascinante.

Nos sentamos en una piedra junto a la laguna para descansar y absorber el entorno.

El camino continúa rodeando la laguna y luego comienza a ascender. En este punto un cartel advierte: «para corazones sanos». Un primer tramo de escaleras lleva a un mirador, de ahí un camino se desvía del sendero circular y continúa en ascenso hasta un segundo mirador, donde nos quedamos un rato contemplando el panorama. Aprovechamos para comer, hemos traído una empanada de queso y una herradura de guayaba.

Regresamos al sendero circular, que desciende hasta el parking. Seguimos alucinados con este paisaje de otro planeta, se ha convertido en uno de nuestros lugares favoritos de Ecuador.

Información práctica recogida a pie de reserva:
- Dadas las características de la carretera que une la localidad de El Ángel con el acceso a la reserva, es recomendable un vehículo 4×4.
- El sendero «para corazones sanos» tiene un desnivel de casi 100 metros en un corto recorrido a 3800 msnm. La alternativa para regresar al aparcamiento es desandar el camino recorrido.
- Hay varias entradas a la reserva ecológica El Ángel, las principales son: por el este (la que escogimos nosotros), donde se encuentra la laguna El Voladero, con un sendero autoguiado; por el oeste, donde se encuentra la laguna Yanacacha (requiere guía).
- En la reserva, además de frailejones, destacan los bosques de polylepis. ¿Qué más se le puede pedir a una reserva?
Ibarra
Tras conseguir superar la carretera que une la entrada a la reserva con la localidad de El Ángel con nuestro pequeño coche, respiramos aliviados y ponemos rumbo a Ibarra.
Ibarra es una ciudad que se encuentra a los pies del volcán Imbabura, junto a la laguna Yahuarcocha (yahuar significa sangre y cocha laguna, cuenta la leyenda que es el lugar donde murieron 3000 guerreros de una tribu local a manos de los incas). Aparcamos en la plaza de La Merced, en uno de sus flancos se encuentra la basílica de La Merced, un santuario mariano.

Paseamos por la plaza y después callejeamos por las calles cercanas. Hemos leído que tienen un dulce típico llamado nogada, una especie de turrón blando muy azucarado con nueces por encima, y compramos una para probar. No le damos más que un mordisco, la verdad que no nos gusta nada. Intentamos paliar el sabor con su otro dulce típico, el helado de paila, realizado sin leche y con una cremosidad lograda a base de clara de huevo que se mezcla en un recipiente enorme de cobre denominado paila. ¡Éstos sí que nos los terminamos!

Llegamos a la plaza de Pedro Moncayo, donde se respira un ambiente festivo. En el centro de la plaza, rodeados por un público númeroso, hay varios grupos de niños y adolescentes bailando, algunos bailes tradicionales y otros bailes modernos. Nos quedamos un rato y después damos una vuelta por la plaza. Aquí se encuentra la catedral de Ibarra, de tres naves, con una cúpula sobre el altar y un retablo cubierto de pan de oro, un edificio de la diócesis y una capilla episcopal.

Volvemos a la plaza de la Merced, a una manzana de distancia. Nos gusta el ambiente de Ibarra, nos recuerda a la tranquilidad de Cuenca, que visitamos hace unos días. Nos montamos en el coche y arrancamos en dirección a Otavalo.
Cascada de Peguche
En las afueras de Otavalo se encuentra la cascada de Peguche. Recorremos los caminos y puentes hasta la cascada, hoy es domingo y hay mucho tránsito de gente. La cascada es bonita, encajonada entre paredes verdes. En comparación con El Ángel el lugar no nos resulta muy inspirador, lleno como está de gente, pero es agradable para dar un paseo.

Antes de volver al parking paramos en un bar en el que fabrican su propia cerveza, de tipo belga. Después de relajarnos un rato volvemos al alojamiento, llegamos a tiempo para ver al sol ocultándose tras el volcán Cotacachi.
Cenamos un menú de 1,75 US$ consistente en consomé y pollo con patatas y arroz, aunque la verdad que no comemos mucho del primer plato.

Regresamos al alojamiento, última noche en Ilumán.
Información práctica recogida a pie de cascada:
- La entrada es gratuita. El parking cuesta 1 US$.
- Hay puestos de comida y de artesanía, mayormente cerca de la entrada.
- Evita los domingos, hay demasiada gente.