Ruta 66,  Vuelta al mundo

Ruta 66 – Día 1

Chicago

El vuelo nocturno desde Guayaquil llega a Fort Lauderdale (Florida) a las 4.30h de la madrugada. Nos hacen esperar en el avión hasta que abren el control de inmigración.

Tras las preguntas rutinarias pasamos el control y buscamos por el aeropuerto algo para desayunar antes de coger nuestro próximo vuelo. Vagamos por la terminal con el estómago vacío, pero sin atrevernos a comprar nada, ¡los precios nos parecen desorbitados! Con el dinero con el que comíamos los dos en Ecuador, aquí no tenemos más que para un café en vaso pequeño… Nos damos cuenta de que en esta nueva etapa del viaje el presupuesto va a acabar tiritando. Compramos un discreto desayuno para matar el gusanillo y nos subimos al avión.

Aterrizamos en Chicago cuatro horas después, sobre las 11h. Nos dirigimos a los puestos de las empresas de alquiler de coches. Nuestro Chrisler Pacífica ya está a punto para iniciar la ruta, ¡pero qué cochazo! Quedamos enamorados desde el primer momento. Siete plazas, las traseras abatibles dejando un espacio diáfano amplísimo, perfecto para el viaje que tenemos en mente.

Raúl se sienta al volante. Una vez condujo un automático, y con las instrucciones de la empleada enseguida le coge el truco y salimos a la carretera en dirección a la ciudad de Chicago.

Llegamos a nuestro hostal, en un barrio residencial de la periferia. Tenemos mucha suerte, pues habíamos reservado una habitación compartida (la más económica), pero el dueño nos cambia a una individual ya que no tiene reservas para esas dos noches. Ponemos la lavadora, nos duchamos y descansamos hasta que acaba la secadora. Estamos hambrientos, ¡y con muchas ganas de descubrir Chicago!

Nos metemos en el metro (la parada de Belmont nos queda muy cerca) y nos desplazamos hasta el centro.

Lo primero es los primero. Para comer elegimos un Lou Malnati’s, famoso por su deep dish pizza. El restaurante está lleno (es sábado por la tarde), pero nos reservan una mesa para dentro de media hora. Aprovechamos para echar un ojo por los alrededores.

Chicago

Con el hambre que tenemos, la pizza nos sabe a gloria. Realmente, más que pizza, se asemeja a una tarta salada, con queso, carne picada y tomate, todo en cantidades muy generosas. Increíblemente nos vemos con ganas de postre y compartimos una galleta con helado.

Deep dish pizza

Comenzamos a patear el Loop, el cogollo de Chicago. Nos detenemos en LaSalle St. frente al Chicago Board of Trade Building, y vemos en la entrada las estatuas que representan la agricultura y la industria. Cerca se encuentra el Rookery Building, un pequeño rascacielos antiguo construido en piedra.

Chicago Board of Trade Building

Son casi las 18h, hemos consultado que atardece a las 19.30h, así que es un buen momento para subir al Skydeck de la planta 103 de la antigua torre Sears. Hacemos una larga cola para pasar el detector de metales, después otra para comprar las entradas y otra más para coger el ascensor, pero merece la pena. La altura a la que nos encontramos regala unas vistas panorámicas espectaculares de la ciudad.

Panorámica diurna de Chicago desde la antigua torre Sears

La luz va cambiando poco a poco a medida que el sol se aproxima al horizonte, dando nuevos matices a los rascacielos. Nos ponemos a hacer cola de nuevo para acceder al skydeck, una especie de balcón cerrado y completamente acristalado. Cuando es nuestro turno pisamos el suelo transparente con indecisión. No podemos evitar mirar hacia abajo y ver la calle, lejana, a cientos de metros bajo nuestros pies. Se ha hecho de noche y las luces artificiales inundan la ciudad.

Panorámica nocturna de Chicago desde la antigua torre Sears

Hacemos de tripas corazón y avanzamos hacia la pared, somos pura adrenalina.  Hacemos algunas fotos y volvemos a suelo firme.

¡En este momento somos pura adrenalina!

Salimos de la antigua torre Sears. Las calles están animadas, hay muy buen ambiente. Nos dirigimos al Millennium Park, donde se encuentra la famosa Cloud Gate, más conocida como la «Alubia» de Chicago, y la Crown Fountain,  una fuente instalada en una pantalla donde se proyecta una cara y, al ponerse en funcionamiento, simula echar agua por la boca.

Crown Fountain

Nos asomamos por el Jay Pritzker, un pabellón al aire libre, pero la sesión musical ya ha finalizado.

Nos damos cuenta de que estamos agotados después de este largo día. Compramos unos perritos y unos plátanos en un 7-Eleven cercano y cenamos en un banco con mesa frente a la alubia gigante. Después arrastramos nuestro cansancio hasta el metro, directos al alojamiento. Ducha, pijama y a la cama.

 

Información práctica recogida a pie de ciudad:
  • El billete de metro de 24h cuesta 10 US$, el billete sencillo 3 US$.
  • La visita al Skydeck nos llevó en total dos horas. Llega un buen rato antes del atardecer para poder disfrutar en una sola visita de las vistas a la luz del día, bajo la luz del atardecer y con las luces nocturnas de la ciudad.

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