Izamal y cenote Yokdzonot
Izamal
La ciudad colonial de Izamal fue contruída sobre un sitio de peregrinación maya; la pirámide Itzamatul estaba dedicada al dios Zamná. Actualmente Izamal es de color amarillo, las fachadas del centro de la ciudad se pintaron así con motivo de la visita del papa Juan Pablo II en 1993.
Las calles de Mérida están llenas de gente a primera hora de la mañana. Desde el coche vemos colas para coger el autobús que rodean toda la manzana.
Llegamos a Izamal sin contratiempos y aparcamos en la plaza Principal.

Caminamos hasta la plaza de la Constitución, donde se encuentra el palacio Municipal.

Ambas plazas están dispuestas en torno al convento de San Antonio de Padua, fundado por franciscanos y, como otros muchos edificios de la ciudad, erigido sobre una estructura maya. Destaca su atrio de grandes dimensiones, con una explanada de césped y muros pintados en amarillo y blanco; es el más grande de América y el segundo del mundo después del Vaticano.


Callejeamos por esta bonita ciudad.

Cerca del convento se encuentra la pirámide de Itzamatul.

Continuando el paseo topamos con Kinich Kak Moo, un templo maya de grandes dimensiones que se contruyó entre el 600 y el 400 a.C. Subimos para ver la panorámica de la ciudad.

En el camino vamos comprando tortillas, jalapeños, verduras y mangos.
En poco más de hora y media terminamos la visita y volvemos al coche. Hace calor, ¡lo que nos pide el cuerpo es un cenote!
Cenote Yokdzonot
Yokzdzonot es un cenote de tipo abierto regentado por una cooperativa maya.
Llegamos al cenote Yokdzonot. Pasamos por taquilla y nos dan unos chalecos que son de uso obligatorio en el agua.

A pocos metros de la entrada hay un mirador que da al cenote. Éste es de tipo abierto, circular, con paredes verticales por las que cuelgan raíces de ficus que se sumergen en el agua.

Descendemos por el sendero que lleva hasta el muelle y nos lanzamos al agua. Está fría. El chaleco impide gran libertad de movimientos, pero a cambio permite una total relajación en el agua. Decenas de golondrinas vuelan de un extremo a otro y de cuando en cuando cae un excremento en el agua. Libélulas moradas se posan en parejas sobre los chalecos para la copulación. En el agua, pequeños peces se acercan a los bañistas más estáticos en bancos.


Salimos, nos quedamos un rato secándonos en el muelle y comentando la fortuna de no haber recibido ningún proyectil de golondrina. Además, un empleado nos comenta que hace un par de días llegó al cenote una garza; la vemos buceando y luego intentando secar sus alas en un rincón, las golondrinas volando a su alrededor en actitud amenazante.
Ascendemos el sendero. Hambrientos, decidimos comer en el restaurante de la cooperativa. Probamos la salsa zikilpac, típica de la región, hecha con tomates asados y pipas de calabaza.

También pedimos panuchos de pollo, sopes y una jarra de zumo de lima.

Acabamos llenísimos, claro.
Ponemos rumbo a Piste, donde se encuentra nuestro siguiente alojamiento. Ha sido estratégicamente elegido para ser los primeros en entrar en Chichén Itzá al día siguiente, pues hay amenaza de grandes masas de turistas.
Pasamos la tarde dormitando y preparando los próximos países. Para cenar nos preparamos en la habitación del hotel unas tortillas (de las mexicanas)con verduras y aderezadas con jalapeños y lima.
Hora de dormir.
Información práctica recogida a pie de cenote:
- El precio de la entrada es de 80 M$.
- En el interior hay cambiadores, baños, duchas y un restaurante. También hay zona de acampada.