De Flagstaff a Las Vegas (más allá de la Ruta 66)
De Flagstaff a Cool Springs Station
Nuestro día comienza en el bosque próximo a Flagstaff en el que hemos pasado la noche, con el ya clásico desayuno de tostadas con crema de cacahuete y plátano, al que hemos añadido el lujo de dos sillas que Marta y Jorge ya no utilizaban.

Nuestra primera parada es Williams, una localidad que parece consagrada a la Ruta 66, con sus míticas gasolineras y restaurantes.


Continuamos la ruta hasta Seligman, que no se queda atrás, con rincones que parecen de película.


Tras ver a un paisano sacar una escopeta del maletero nos entra una imperiosa necesidad de volver a nuestro coche y continuar la ruta.
Pasamos Hackberry y llegamos a Kingman, donde damos un breve paseo en torno al Visitor Center. Frente a éste hay expuesto un coche eléctrico de la época.

Camino a Oatman paramos en Cool Springs Station, otra tienda-museo de la Ruta 66 cuyo dueño insiste en hacernos fotos indicándonos distintas poses.

Oatman
A partir de aquí la carretera zigzaguea por las Black Mountains para llegar a Oatman, un asentamiento minero fundado en 1906 para la extracción de oro de las minas de alrededor (las últimas se cerraron en 1942). Tiene el aspecto de un pueblo fantasma del Lejano Oeste y su principal peculiaridad son los burros salvajes que campan a sus anchas por él. Los burros llegaron con los primeros prospectores y fueron utilizados en las minas y posteriormente abandonados con su cierre.

Recorremos su calle principal esquivando los burros y nos acercamos a un corro de gente que está viendo una actuación de vaqueros. Vemos que se trata de un duelo, aunque no acabamos de entender lo que dicen. De repente, ¡bang! Nos sobresaltamos con el ruido de un disparo; el móvil de María, que estaba grabando la escena en vídeo, sale disparado. La gente ríe mientras nosotros nos recuperamos del susto.

Volvemos al coche y avanzamos hasta Neddles, en la frontera con el estado de California. Raúl lleva días hablando de comer en un «auténtico» McDonald’s estadounidense, así que nos acercamos a uno para que quede satisfecho… No podemos recomendarlo.
Las Vegas
Nuevamente nos desviamos de la Ruta 66 y a media tarde llegamos a Las Vegas. Queremos alojarnos en un camping para dormir en el coche como venimos haciendo, pero nos informan de que en los campings de esta ciudad sólo se aceptan coches con fregadero o algún otro elemento de camperización más complejo que nuestro colchón hinchable. Nos dejan conectarnos a la wifi de la recepción y reservamos por internet una habitación en un casino del centro.
Hacemos el check-in entre máquinas tragaperras y subimos a nuestra habitación. Esta ciudad se visita de noche, así aprovechamos el tiempo hasta que oscurece poniendo la lavadora, duchándonos y cenando. Cuando salimos a la calle a las 21h ya se han encendido los neones.
Recorremos Las Vegas Boulevard entre sus enormes casinos: Luxor, una pirámide con un potente haz de luz que ilumina el cielo de Las Vegas; Excalibur, un castillo de cuento; Bellagio, donde nos paramos a ver el espectáculo de sus fuentes; The Cosmopolitan Of Las Vegas, Caesars Palace, Flamingo Las Vegas, The Venetian… son sólo algunos de los imponentes casinos que encontramos en nuestro paseo. También nos impresiona el interior del centro comercial The Crystals.


Tenemos algo de suelto… ¡Pero unos helados nos parecen mejor inversión que cualquier juego de casino!
Pasear por esta ciudad da que pensar y remueve los propios valores; definitivamente somos más de estar en contacto con la naturaleza.
Regresamos al alojamiento de madrugada, a dormir en una ciudad que vive de noche.
Información práctica recogida a pie de ciudad:
- Nos informaron en un camping de que en los campings de la ciudad de Las Vegas sólo se puede pernoctar en autocaravanas o similar.
- La noche en habitación de hotel-casino nos costó 38 US$.