Fujigoko: Panorama-dai y pagoda Chureito. Tokio: Shibuya
Fujigoko
Panorama-dai
Nos despertamos en Fujigoko, la región de los cinco lagos a los pies del Fuji. Ojalá hoy tengamos más suerte que ayer y las nubes no nos tapen la visión del grandioso volcán.
Nos dirigimos al lago Motosu-ko. La ruta Panorama-dai comienza a los pies del mismo, a unos metros de un pequeño túnel. Dejamos el coche al borde de la carretera, al otro lado del túnel, en el único terreno donde vemos que podemos aparcar, y cruzamos a pie el túnel para coger el sendero. Afortunadamente hay poco tráfico.
Comenzamos el ascenso, hemos descansado bien y nos encontramos llenos de energía. La ruta tiene una gran pendiente, pero es corta. Paramos un momento en el mirador que hay junto a una torre de telefonía, desde el que ya podemos contemplar el Fuji, y continuamos hasta el mirador principal, el final de la ruta. Un panorama increíble, nos quedamos con la boca abierta: lagos, valles y el Fuji, espectacular. Nos empapamos del paisaje, sintiéndonos unos privilegiados.


Llegamos al coche exultantes, con ganas de más. Nos dirigimos a un nuevo mirador.
Información práctica recogida a pie de mirador:
- La ruta Panorama-dai es corta, tan sólo 1,5 kilómetros (ida), pero en esa distancia salva más de 370 metros de desnivel. La subida nos llevó una hora y la bajada casi cuarenta minutos.
Pagoda Chureito
Nos equivocamos de camino, perdiendo 30 minutos en ir a un sitio equivocado, pero reconducimos la ruta, esta vez con éxito, hacia la pagoda Chureito, en el parque Arakurayama Sengen, al este de Kawaguchi-ko. La subida de los 398 peldaños merece la pena. Hay un mirador por encima de la pagoda, con el monte Fuji al fondo, que debe de resultar inmejorable (en un día despejado).

Al volver al coche es mediodía y nos disponemos a comer: pasta con tofu y huevo y arroz con panceta y huevo escalfado. Al terminar, ponemos rumbo a Tokio.
Tokio
Cogemos la autopista para llegar rápido a Tokio y aprovechar lo que nos queda de día. La entrada en la ciudad nos parece de película, las autopistas se enredan unas sobre otras formando un disparatado Scalextric en el que es facilísimo desorientarse, pero milagrosamente no nos perdemos.
Llegamos al hotel donde hemos reservado una habitación para los próximos días. Por motivos logísticos los días que visitemos esta ciudad no dormiremos en el coche, ya que tendríamos que salir a las afueras de la ciudad para dormir cada noche. El hotel se encuentra cerca de la parada de metro Asakusa, que nos parece un buen punto desde el que conocer Tokio. Tras hacer el check-in, dejamos el coche en un parking que nos indican en recepción y subimos a descansar a la habitación. La habitación es de estilo japonés, compacta pero no agobia, y tiene de todo. Nos encanta.

Shibuya
A las 17h salimos a la calle. Queremos conocer la vida nocturna de Tokio, así que nos dirigimos al metro y recorremos las 19 paradas que nos separan de Shibuya.
Nada más salir nos encontramos de frente con el famoso cruce de Shibuya, que un millón de personas cruza cada día. Se detiene el tráfico rodado y una marabunta de personas cruza desde todas las direcciones, en todas direcciones. Frenético, una locura.


Después nos unimos a la marabunta y nosotros también lo cruzamos.

Recorremos Shibuya Center-gai, una bulliciosa calle peatonal llena de tiendas y restaurantes con carteles luminosos, abarrotada, sobre todo con gente joven. Nos llaman la atención la amplísima gama cromática de los tintes del pelo y los vestuarios: kimonos, lolitas góticas…

Cenamos en el restaurante Sagatani. En la entrada hay una máquina en la que seleccionas lo que quieres comer, pagas y coges un ticket que entregas al personal.

Elegimos soba con pollo y soba con verduras, y lo acompañamos con cerveza japonesa. El agua y el té son gratuitos. La cena nos sabe a gloria.

Después de cenar paseamos por el barrio y echamos un vistazo rápido en Tokyu Hands, unos grandes almacenes en los que parece que venden de todo. Pasamos por Spain-zaka, una estrecha callejuela con aires mediterráneos. Seguimos caminando, deteniéndonos en un puesto de crepes para coger nuestro postre. Más adelante entramos en Loft, unos grandes almacenes con una planta y media dedicada a papelería, ¡el sueño de María! Hace un ejercicio de autocontención y no compra nada, debemos viajar ligeros.
Frente al cruce de Shibuya se encuentran otros grandes almacenes, Shibuya 109, con tiendas de ropa de los distintos estilos de tribus urbanas japonesas; flipamos con las plantas 5ª y 6ª.
Por último, nos acercamos a Dōgenzaka, con calles llenas de hoteles de encuentros para ir con pareja o amante. Aquí no hay tanta gente, pero sí muchos taxis.
Volvemos al cruce de Shibuya para coger el metro. Vemos la estatua de Hachikō, el perro que siempre venía a recoger a su amo a la estación de tren, incluso después de su muerte. Nos metemos en la estación, en la segunda planta se encuentra el mural de 30 metros de largo El mito del mañana, de Tarō Okamoto, que representa el momento de la explosión de la bomba atómica.

Nos bajamos en Asakusa y paseamos junto al río hasta el hotel, un paseo muy agradable. Estamos rodeados de gigantes edificios iluminados, nos sorprende estar experimentando una noche tan distinta de las de apenas unos días atrás, en playas hawaianas. A las 22h llegamos al hotel.
Información práctica recogida a pie de ciudad:
- El peaje de autopista para ir de Fujigoko a Tokio nos costó 4200¥. Tardamos dos horas desde Fujigoko a nuestro hotel en Tokio.
- El metro de Tokio nos gustó mucho. Es rápido (19 paradas en 40 minutos), los trenes son frecuentes (2-3 minutos) y es fácil de usar, pues está bien señalizado y las máquinas de billetes están en español e inglés. Consta de 13 líneas (4 de una compañía y 9 de otra), además de la vía ferroviaria en la que se puede utilizar el Japan Railpass. está abierto de 5:00 a 24:00h. Este día compramos el billete sencillo por 240¥ (el precio depende de la distancia que se vaya a recorrer).
- Si vas al cruce de Shibuya en metro, una vez bajes en la estación, sal por la salida Hachikō y lo encontrarás de frente.
- En la segunda planta de la estación de metro de Shibuya hay un mirador desde el que se ve muy bien el cruce de Shibuya, gratis y muy tranquilo.