Japón,  Vuelta al mundo

Japón – Día 8

Tokio: Kōtō, Tsukiji, Bunkyō y Shinjuku

Ayer nos acostamos temprano, así que hemos dormido más que otros días y estamos perfectamente descansados para pasar otro día conociendo Tokio. Nos dirigimos al metro, haciendo transbordo posteriormente al metro ligero.

Kōtō

Mercado de Toyosu

Subimos al tren y nos situamos en la cabecera. En esta línea circulan trenes sin conductor, así que podemos ir viendo los raíles desde esta posición.

En un tren sin conductor del metro ligero de Tokio

Nos bajamos en la estación Shijo-mae y entramos en el edificio del mercado.

En 2018, el popular Mercado de Tsukiji, conocido por sus subastas de atún rojo, fue trasladado a Toyosu, en la bahía de Tokio. Por el Mercado de Toyosu pasan a diario toneladas de pescado y marisco, así como fruta y verdura. El protagonista sigue siendo el atún rojo, por el que se llegan a pagar grandes sumas de dinero en subastas que son también una atracción turística (madrugando bastante). Ya era tarde para reservar una visita cuando nos informamos, pero decidimos venir a ver el mercado de todas formas.

Nos dirigimos en primer lugar al área de pescado y marisco. La zona de subastas se observa a través de grandes ventanales, desde un piso superior. Por supuesto, a esta hora (las 10.00h) «ya está todo el pescado vendido».

Zona de subastas de pescado y marisco del mercado de Toyosu

Después nos asomamos a los pasillos con los puestos que venden la mercancía. Desde aquí no se oye bullicio, ni huele a pescado, ni siquiera se ve realmente bien desde esta distancia. La visita nos parece prescindible.

Puestos de pescado y marisco en el mercado de Toyosu

Pasamos al edificio de enfrente, donde se encuentran los restaurantes, y damos una vuelta rápida por una sala donde explican la historia del mercado antes de regresar al metro.

Información práctica recogida a pie de mercado:
  • Las subastas de pescado se pueden presenciar desde cierta distancia y durante 10 minutos, entre las 5.45 y las 6.15h, con reserva un mes antes por internet.

Tsukiji

Nos bajamos en Tsukiji y caminamos hacia el mercado.

Cerca de la salida de metro se encuentra Tsukiji Hongwan-ji, un templo budista de grandes dimensiones con fachada de estilo indio. En la plaza de enfrente vemos una representación callejera de un baile tradicional.

Tsukiji Hongwan-ji

Mercado de Tsukiji

Llegamos al Mercado de Tsukiji. Hay puestos con todo tipo de alimentos, incluso en algunos puestos se venden pescados vivos. Es alegre y bullicioso, todo se puede ver de cerca y oler… nada que ver con el de Toyosu.

Mercado de Tsukiji
Mercado de Tsukiji

A medida que recorremos el mercado vamos probando algunas de sus delicias: bollitos rellenos de cerdo, tortilla ensartada en un palo, unas barritas con sésamo y wasabi…

Tortilla del Mercado de Tsukiji

Entramos en el edificio Odawarabashi, donde vemos cómo despiezan el pescado con precisión y cuidado. Tras completar la visita, salimos del mercado.

Hama-rikyū Onshi-teien

A 15 minutos andando del mercado de Tsukiji se encuentra Hama-rikyū Onshi-teien, originalmente el jardín de un antiguo shogun, que posteriormente pasó a manos de la familia imperial y actualmente pertenece al municipio de Tokio. Se encuentra al borde de la bahía, y el agua salobre llena su estanque. A pesar de encontrarse en plena ciudad, en cada rincón se respira paz. Merece la pena explorarlo y descubrir su belleza: el pino de 300 años cerca de la entrada (plantado en conmemoración de una renovación del parque), el campo de flores, el jardín de peonías; el estanque de agua salada Shioiri-no-ike, cruzado por puentes que unen dos islotes y rodeado de árboles cuidadosamente recortados; varias casas de té (Nakajima no Ochaya se encuentra en una isla del estanque), pequeños templos…

Hama-rikyū Onshi-teien
Hama-rikyū Onshi-teien
Shioiri-no-ike en Hama-rikyū Onshi-teien

Cerca del jardín de peonías encontramos unas plataformas de madera con sombra que parecen hechas para dormir siestas, y nos tumbamos a descansar un rato.

Siesta en Hama-rikyū Onshi-teien

En el parque también se pueden ver las estructuras empleadas antiguamente para cazar patos salvajes en los cursos de agua (kamoba); se empleaban también en el proceso patos domésticos y halcones o redes.

Antes de salir del parque comemos en un banco, hoy tenemos udon con bacon y huevo, rollitos de verdura y ternera y para rematar café con leche y un bollito de castaña.

Vamos a continuar conociendo Tokio.

Información práctica recogida a pie de parque:
  • La entrada en Hama-rikyū Onshi-teien cuesta 300¥.

Nakagin Kapuseru Tawā

Cerca del parque encontramos Nakagin Kapuseru Tawā o Nakagin Capsule Tower, un edificio perteneciente al denominado Movimiento Metabolista, que consta de cápsulas prefabricadas que se pueden combinar entre sí y sustituir. Se encuentra en estado decadente, pero nos parece curioso de ver, pues no conocíamos ningún edificio de este tipo. A pesar del abandono hay un conserje que se encarga de vigilar.

Nakagin Kapuseru Tawā

A unas manzanas de distancia se encuentra la papelería Itoya, dos edificios con varias plantas que María está deseando cotillear.

Cogemos de nuevo el metro hasta Iidabashi.

Bunkyō

Koishikawa Kōrakuen

Koishikawa Kōrakuen es un parque que combina estilos japonés y chino. Hay distintos tipos de cerezos, entre los que se encuentra un cerezo llorón, por lo que debe de ser fascinante visitarlo en época de floración. Hay estanques y canales y puentes que los cruzan, como Engetsu-kyō, que forma una luna llena al reflejarse en el agua, y Tsuten-kyō, de color rojo.

Koishikawa Kōrakuen
Koishikawa Kōrakuen
Engetsu-kyō en Koishikawa Kōrakuen

Tras recorrer todos los rincones de este precioso parque, nos dirigimos al barrio adyacente de Shinjuku.

Información práctica recogida a pie de parque:
  • La entrada a Koishikawa Kōrakuen cuesta 300¥. Abre de 9.00 a 17.00h.

Shinjuku

Akagi-jinja

A una parada de metro de distancia encontramos Akagi-jinja, un santuario sintoísta remodelado en 2010 con un aire contemporáneo. Atravesamos el torii de la entrada y subimos una escalera hasta el templo, cuyo interior podemos contemplar perfectamente a través de una vidriera. Apenas iluminan los últimos rayos de sol, y han encendido unos farolillos que dan un aspecto muy acogedor.

Encontramos elementos comunes con otros santuarios sintoístas, como la cuerda que cuelga en el centro para hacer sonar el gong o la pareja de perros o bestias que protegen al templo del mal; uno tiene la boca abierta y otro cerrada, pues así se pronuncia el primer y último sonido en lengua japonesa, representando el inicio y el fin del universo.

Akagi-jinja

La noche está cogiendo el relevo al día, por lo que es un buen momento para dirigirnos a Tochō.

Tochō

Llegamos a Tochō (el Edificio del Gobierno Metropolitano de Tokio) a las 18.30h; el cielo ya está oscuro y la ciudad ha encendido todas sus luces. Hacemos cola para coger el ascensor y en pocos minutos nos encontramos en la última planta, contemplando Tokio a través de los enormes ventanales. Damos la vuelta a la sala para poder ver todas las panorámicas posibles de la ciudad.

Panorámica nocturna desde Tochō

Cogemos el metro por última vez en el día para regresar al alojamiento, hoy toca hacer la colada. Para cenar, atún con verduras.

Información práctica recogida a pie de rascacielos:
  • La entrada a Tochō es gratuita. Abre de 9.30 a 23.00h, la última entrada a las 22.30h.
  • Por el día, si está despejado, puede verse el monte Fuji.

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