Ecuador (Sierra),  Vuelta al mundo

Ecuador (Sierra) – Día 1

De Guayaquil a Cuenca y Cuenca

 

De Guayaquil a Cuenca

Nos despertamos a las 7.00h. Desayunamos tostadas con aguacate, plátano verde a la plancha y naranjillo (una fruta con apariencia de caqui pequeño y sabor ácido). Recogemos las mochilas y vamos a por el coche.

Al ponernos en marcha Raúl se da cuenta de que no tenemos luz corta izquierda, ¡maldita sea! Comprobamos que sí tenemos de posición, larga y antiniebla. Más tarde comprobaremos que no tener el juego completo de luces es algo no infrecuente en este país.

Salimos de Guayaquil dirección Cuenca. El viaje es impresionante, la carretera sube montañas por acantilados de vértigo y dejamos abajo mares de nubes. En unas pocas horas atravesamos varios ecosistemas totalmente distintos: manglar, tropical, de media y de alta montaña. A media hora de Cuenca tenemos la suerte de ver un grupo de llamas junto a la carretera.

 

Cuenca

Llegamos a Cuenca a la hora de la comida, hacemos el check-in en el albergue en el que hemos reservado alojamiento por dos noches y descansamos un rato mientras comemos la media tortilla de patata que reservamos de la cena de anoche. Después dejamos nuestras cosas a buen recaudo en unos cajones que cerramos con candados y salimos a conocer Cuenca.

Cuenca es una ciudad en los Andes a 2550 metros sobre el nivel del mar, fue fundada en el siglo XVI por los españoles y se asienta sobre ruinas incas. Es Patrimonio Cultural de la Humanidad por la UNESCO y orgullosa artesana de sombreros panamá (también conocidos como sombreros de paja toquilla o montecristi).

Desde el primer contacto la ciudad nos parece tranquila y amigable. Primero curioseamos en el museo del Sombrero de Paja Toquilla y después nos aventuramos en el mercado 10 de Agosto, donde aprovechamos para hacer la compra: tomates, cebollas, pimientos, patatas, zanahorias, guisantes y medio pollo.

Museo del Sombrero de Paja Toquilla

Continuamos por el barrio del Vado. Atravesamos la plazoleta de la Cruz del Vado, cuya atmósfera nos transmite soledad, aunque a cambio se pueden disfrutar las vistas del paisaje montañoso que rodea Cuenca. Después seguimos hasta la plaza de San Sebastián, ajardinada y más viva. Hay gente conversando y escuchando música en los bancos y parejas de enamorados; en un extremo se alza la iglesia que lleva el mismo nombre.

Plaza de San Sebastián

A continuación nos dirigimos hacia el río. Bajamos entre mosaicos de colores por una de las escalinatas que una la calle Larga con el paseo 3 de Noviembre y caminamos junto al río Tomebamba.

Bajamos entre mosaicos de colores por una de las escalinatas que una la calle Larga con el paseo 3 de Noviembre
Paseamos junto al río Tomebamba

Una vez visitada la zona oeste del casco histórico, decidimos pasar por el alojamiento para dejar la compra.

Ya más ligeros, continuamos la visita. Nos dirigimos a la plaza de San Francisco, que alberga un mercado de ropa con los característicos ponchos de la zona a la venta. Al fondo destacan las cúpulas azules de la catedral. Asomamos la cabeza por la puerta de la iglesia de San Francisco, que están fregando en ese momento.

Plaza de San Francisco

Continuamos por la plaza de las Flores, con sus coloridas floristerías.

Plaza de las Flores

A un lado se encuentra la catedral, que rodeamos hasta la plaza de Abdón Calderón, donde se encuentra su fachada principal. Los campanarios se ven vacíos, pues al parecer la estructura no es capaz de soportar las campanas diseñadas originalmente y en su lugar se han colocado unas más pequeñas. La catedral por dentro impresiona, es mastodóntica y está llena de mármol. Salimos, giramos a la izquierda y accedemos a través de un callejón que conduce al antiguo seminario de San Luis a un patio con una balconada de madera que nos trae recuerdos de La Mancha. Después volvemos a la plaza, ocupada por un parque. Enfrente se encuentra la antigua catedral, actualmente museo religioso, y el palacio de Justicia.

Continuando nuestro paseo, paramos un instante en lo alto de la escalinata de Francisco Sojo Jaramillo, llena de gente.

Escalinata de Francisco Sojo Jaramillo

Pasamos por delante del museo de Culturas Aborígenes y nos paramos junto a la Cruz de Todos los Santos, desde donde contemplamos el puente Roto.

Puente Roto

De camino al puente paramos a comprar un chocolate caliente, pero resulta decepcionante: en vez del chocolate a la taza que habíamos imaginado se trata de polvos de cacao azucarados con leche, y encima nos abrasamos la lengua. Nos quedamos mirando el río y los paseos arbolados desde el puente mientras la bebida se enfría. Después nos dirigimos al yacimiento arqueológico de Todos Santos, cuyas ruinas incas pueden verse desde la calle.

Ruinas incas en el yacimiento arqueológico de Todos Santos

A continuación nos acercamos al museo Pumapungo, pero queda poco para el cierre, así que decidimos continuar visitando la ciudad.

Vamos a la plaza de San Blas, tranquila y con una iglesia de mármol de buen tamaño. Para satisfacer nuestro deseo frustrado de chocolate, de camino hemos comprado unas palmeras de chocolate (aquí las llaman «orejas»). Esta vez hemos acertado con el dulce, lo disfrutamos sentados en un banco de la plaza.

Antes de que oscurezca nos dirigimos al ayuntamiento y paseamos por las calles de alrededor de la catedral.

Ayuntamiento de Cuenca
Antes de que oscurezca paseamos por las calles de alrededor de la catedral

El sol cae tras las nubes y las montañas, dejando el cielo andino de un color precioso.

Mientras preparamos la cena en la cocina del hostal, charlamos con una viajera francesa que también está realizando un viaje largo de seis meses, planea conocer varios países de América del Sur. Hablamos sobre nuestros viajes realizados y soñados, ¡resulta muy interesante intercambiar experiencias y consejos!

Para acabar la jornada nos deleitamos con un guiso de verduras y pollo con un toque de chile y naranjillo, delicioso. Después nos duchamos y nos metemos en la cama. Buscamos por internet los alojamientos para los próximos días antes de quedarnos dormidos.

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